de las hadas TITANIA, reina de las hadas ROBÍN EL BUENO, duende FLORDEGUISANTE TELARAÑA POLILLA h... more de las hadas TITANIA, reina de las hadas ROBÍN EL BUENO, duende FLORDEGUISANTE TELARAÑA POLILLA hadas MOSTAZA Acompañamiento en la corte de Atenas. Otras hadas del séquito de Oberón y Titania. EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO I.i Entran TESEO, HIPóLITA, [FILóSTRATO] y otros. TESEO Bella Hipólita, nuestra hora nupcial ya se acerca: cuatro días gozosos traerán otra luna. Mas, ¡ay, qué despacio mengua ésta! Demora mis deseos, semejante a una madrastra o una viuda que va mermando la herencia de un joven. HIPÓLITA Pronto cuatro días se hundirán en noche; pronto cuatro noches pasarán en sueños, y entonces la luna, cual arco de plata tensado en el cielo, habrá de contemplar la noche de nuestra ceremonia. TESEO Anda, Filóstrato, mueve a la alegría a los jóvenes de Atenas, despierta el vivo espíritu del gozo. Y manda la tristeza a los entierros: tan mustia compañía no conviene a nuestra fiesta. [Sale FILÓSTRATO.] Hipólita, te he cortejado con mi espada e, hiriéndote, tu amor he conquistado. Mas voy a desposarte en otro tono: con festejo, celebración y regocijo. Entran EGEO y su hija HERMIA, LISANDRO y DEMETRIO. EGEO ¡Salud a Teseo, nuestro excelso duque! TESEO Gracias, buen Egeo. ¿Qué noticias traes? EGEO Acudo a ti consternado a denunciar a mi propia hija Hermia. -Acércate, Demetrio. -Mi noble señor, este hombre tiene mi consentimiento para unirse a ella. -Acércate, Lisandro. -Y, mi augusto duque, este otro le ha embrujado el corazón. -Sí, Lisandro: tú le has dado tus poesías y con ella has cambiado prendas de amor. En el claro de luna le has cantado a su ventana, afectando con tu voz tiernos afectos, y en su mente tu imagen has sellado con pulseras hechas con tu pelo, sortijas, adornos, caprichos, baratijas, ramilletes y confites, seductores de la incauta juventud; con astucia a mi hija has cautivado, y has trocado la obediencia que me debe en tenaz insumisión. Gran duque, si ella aquí, en tu augusta presencia, se niega a casarse con Demetrio, yo reclamo el antiguo privilegio ateniense; puesto que es hija mía, yo dispongo de ella: o se la entrego a este caballero o a la muerte, como de forma expresa estipula nuestra ley para este caso. TESEO ¿Qué respondes, Hermia? Considera, hermosa joven, que tu padre debe ser para ti como un dios. Él te dio belleza; sí, y para él tú eres como imagen estampada en cera: queda a su albedrío conservar la figura o borrarla. Demetrio es un digno caballero. HERMIA También Lisandro. TESEO En sí mismo, sí; pero en este caso, al no tener la venia de tu padre, el otro debe ser tenido por más digno. HERMIA Ojalá que mi padre viera con mis ojos. TESEO Tus ojos debieran ver con su juicio. HERMIA Suplico, mi señor, que me perdones. No sé lo que me ha dado el valor, ni si es conveniente a mi recato defender ante ti mi pensamiento. Mas te ruego, mi señor, que me digas lo peor que puede sucederme si me niego a casarme con Demetrio. TESEO La pena de muerte o renunciar para siempre al trato con los hombres. Por tanto, bella Hermia, examina tus deseos, piensa en tu edad, mide bien tus sentimientos y decide si, al no ceder a la elección paterna, podrás soportar el hábito de monja, encerrada para siempre en lóbrego claustro, viviendo como hermana yerma de por vida y entonando tenues himnos a la frígida luna. Las que, venciendo su pasión, emprenden tan casto peregrinaje son tres veces benditas, pero en la tierra es más feliz la rosa arrancada que la que, ajándose en intacto rosal, crece, vive y muere en bendita doncellez. HERMIA Pues así he de crecer, vivir y morir, señor, antes que ceder mi privilegio virginal al hombre cuyo no querido yugo mi alma se niega a obedecer. TESEO Considéralo despacio y, con la luna nueva, el día en que mi amor y yo sellemos un contrato de unión sempiterna, ese día prepárate a morir por no acatar el deseo de tu padre, a casarte con Demetrio, como quiere, o, en el altar de Diana, a hacer voto de perenne abstinencia y celibato. DEMETRIO Querida Hernia, cede. Lisandro, somete tu falaz pretensión a mi claro derecho. LISANDRO Demetrio, tú ya tienes el amor de su padre; tenga yo el de Hermia. Cásate con él. EGEO Cierto, burlón Lisandro: él tiene mi amor, y con mi amor le daré lo que es mío. Como ella es mía, todos mis derechos sobre ella se los transfiero a Demetrio. LISANDRO Mi señor, soy de tan noble cuna como él y de igual hacienda. Estoy más enamorado, mi posición se equipara, si es que no supera, a la de Demetrio. Y, lo que cuenta más que mis alardes, la hermosa Hermia me quiere.
de las hadas. TITANIA, reina de las hadas. PUCK, o ROBIN EL BUEN CHICO, duende. CHICHARILLO, TELA... more de las hadas. TITANIA, reina de las hadas. PUCK, o ROBIN EL BUEN CHICO, duende. CHICHARILLO, TELARAÑA, POLILLA y MOSTAZA, hadas. PÍRAMO, TISBE, MURO, CLARO DE LUNA y LEÓN, personajes del entremés. Otras hadas al servicio de sus reyes. Séquito de Teseo e Hipólita ESCENA: En Atenas y en un bosque contiguo Acto primero Escena primera ATENAS. -EL PALACIO DE TESEO. Entran TESEO, HIPÓLITA, FILOSTRATO y acompañamiento.
I De los hermosos el retoño ansiamos para que su rosal no muera nunca, pues cuando el tiempo su e... more I De los hermosos el retoño ansiamos para que su rosal no muera nunca, pues cuando el tiempo su esplendor marchite guardará su memoria su heredero. Pero tú, que tus propios ojos amas, para nutrir la luz, tu esencia quemas y hambre produces en donde hay hartura, demasiado cruel y hostil contigo. Tú que eres hoy del mundo fresco adorno, pregón de la radiante primavera, sepultas tu poder en el capullo, dulce egoísta que malgasta ahorrando. Del mundo ten piedad: que tú y la tumba, ávidos, lo que es suyo no devoren. II Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos y ahonden surcos en tu prado hermoso, tu juventud, altiva vestidura, será un andrajo que no mira nadie. Y si por tu belleza preguntaran, tesoro de tu tiempo apasionado, decir que yace en tus sumidos ojos dará motivo a escarnios o falsías. ¡Cuánto más te alabaran en su empleo si respondieras : -« Este grácil hijo mi deuda salda y mi vejez excusa », pues su beldad sería tu legado!
El CORO ROMEO MONTESCO, su padre SEÑORA MONTESCO BENVOLIO, sobrino de Montesco ABRAHAN, criado de... more El CORO ROMEO MONTESCO, su padre SEÑORA MONTESCO BENVOLIO, sobrino de Montesco ABRAHAN, criado de Montesco BALTASAR, criado de Romeo JULIETA CAPULETO, Su padre SEÑORA CAPULETO TEBALDO, su sobrino PARIENTE DE CAPULETO El AMA de Julieta PEDRO criado de Capuleto SANSÓN criado de Capuleto GREGORIO criado de Capuleto Della Scala, PRINCIPE de Verona MERCUCIO pariente del Príncipe El Conde PARISpariente del Príncipe PAJE de Paris FRAY LORENZO FRAY JUAN Un BOTICARIO Criados, músicos, guardias, ciudadanos, máscaras, etc. LA TRAGEDIA DE ROMEO Y JULIETA PRÓLOGO [Entra] el CORO . . CORO En Verona, escena de la acción, dos familias de rango y calidad renuevan viejos odios con pasión y manchan con su sangre la ciudad. De la entraña fatal de estos rivales nacieron dos amantes malhadados, cuyas desgracias y funestos males enterrarán conflictos heredados. El curso de un amor de muerte herido y una ira paterna tan extrema que hasta el fin de sus hijos no ha cedido será en estas dos horas . nuestro tema. Si escucháis la obra con paciencia, nuestro afán salvará toda carencia. [Sale.] I.i Entran SANSÓN y GREGORIO, de la casa de los Capuletos, armados con espada y escudo. SANSÓN Gregorio, te juro que no vamos a tragar saliva. GREGORIO No, que tan tragones no somos. SANSÓN Digo que si no los tragamos, se les corta el cuello. GREGORIO Sí, pero no acabemos con la soga al cuello. SANSÓN Si me provocan, yo pego rápido. GREGORIO Sí, pero a pegar no te provocan tan rápido. SANSÓN A mí me provocan los perros de los Montescos. GREGORIO Provocar es mover y ser valiente, plantarse, así que si te provocan, tú sales corriendo. SANSÓN Los perros de los Montescos me mueven a plantarme. Con un hombre o mujer de los Montescos me agarro a las paredes. GREGORIO Entonces es que te pueden, porque al débil lo empujan contra la pared. SANSÓN Cierto, y por eso a las mujeres, seres débiles, las empujan contra la pared. Así que yo echaré de la pared a los hombres de Montesco y empujaré contra ella a las mujeres. GREGORIO Pero la disputa es entre nuestros amos y nosotros, sus criados. SANSÓN Es igual; me portaré como un déspota. Cuando haya peleado con los hombres, seré cortés con las doncellas: las desvergaré. GREGORIO ¿Desvergar doncellas? SANSÓN Sí, desvergar o desvirgar. Tómalo por donde quieras. GREGORIO Por dónde lo sabrán las que lo prueben. SANSÓN Pues me van a probar mientras este no se encoja, y ya se sabe que soy más carne que pescado. GREGORIO Menos mal, que, si no, serías un merluzo. Saca el hierro, que vienen de la casa de Montesco. Entran otros dos criados [uno llamado ABRAHAM . SANSÓN Aquí está mi arma. Tú pelea; yo te guardo las espaldas. GREGORIO ¿Para volver las tuyas y huir? SANSÓN Descuida, que no. GREGORIO No, contigo no me descuido. SANSÓN Tengamos la ley de nuestra parte: que empiecen ellos. GREGORIO Me pondré ceñudo cuando pase por su lado, y que se lo tomen como quieran. SANSÓN Si se atreven. Yo les haré burla . , a ver si se dejan insultar. ABRAHÁN ¿Nos hacéis burla, señor? SANSóN Hago burla. ABRAHÁN ¿Nos hacéis burla a nosotros, señor? SANSÓN [aparte a GREGORIO] ¿Tenemos la ley de nuestra parte si digo que sí? GREGORIO [aparte a SANSÓN] No. SANSÓN No, señor, no os hago burla. Pero hago burla, señor. GREGORIO ¿Buscáis pelea? ABRAHÁN ¿Pelea? No, señor. SANSÓN Mas si la buscáis, aquí estoy yo: criado de tan buen amo como el vuestro. ABRAHÁN Mas no mejor. SANSÓN Pues... Entra BENVOLIO. GREGORIO [aparte a SANSóN] Di que mejor: ahí viene un pariente del amo . . SANSÓN Sí, señor: mejor. ABRAHÁN ¡Mentira! SANSÓN Desenvainad si sois hombres. Gregorio, recuerda tu mandoble. Pelean. BENVOLIO [desenvaina] ¡Alto, bobos! Envainad; no sabéis lo que hacéis. Entra TEBALDO. TEBALDO ¿Conque desenvainas contra míseros esclavos? Vuélvete, Benvolio, y afronta tu muerte. BENVOLIO Estoy poniendo paz. Envaina tu espada o ven con ella a intenta detenerlos. TEBALDO ¿Y armado hablas de paz? Odio esa palabra como odio el infierno, a ti y a los Montescos. ¡Vamos, cobarde! [Luchan.] Entran tres o cuatro CIUDADANOS con palos. CIUDADANOS ¡Palos, picas, partesanas! ¡Pegadles! ¡Tumbadlos! ¡Abajo con los Capuletos! ¡Abajo con los Montescos! Entran CAPULETO, en bata . , y su esposa [la SEÑORA CAPULETO]. CAPULETO ¿Qué ruido es ese? ¡Dadme mi espada de guerra! SEÑORA CAPULETO ¡Dadle una muleta! -¿Por qué pides la espada? Entran MONTESCO y su esposa [la SEÑORA MONTESCO]. CAPULETO ¡Quiero mi espada! ¡Ahí está Montesco, blandiendo su arma en desafío! MONTESCO ¡Infame Capuleto! -¡Suéltame, vamos! SEÑORA MONTESCO Contra tu enemigo no darás un paso. Entra el PRINCIPE DELLA SCALA, con su séquito. PRÍNCIPE ¡Súbditos rebeldes, enemigos de la paz, que profanáis el acero con sangre ciudadana! -¡No escuchan! -¡Vosotros, hombres, bestias, que apagáis el ardor de vuestra cólera con chorros de púrpura que os salen de las venas! ¡Bajo pena de tormento, arrojad de las manos sangrientas esas mal templadas armas y oíd la decisión de vuestro Príncipe! Tres refriegas, que, por una palabra de nada, vos causasteis, Capuleto, y vos, Montesco, tres veces perturbaron la quietud de nuestras calles e hicieron que los viejos de Verona prescindiesen de su grave indumentaria y con viejas manos empuñasen viejas armas, corroídas en la paz, por apartaros del odio que os corroe. Si causáis otro disturbio, vuestra vida será el precio. Por esta vez, que todos se dispersen. Vos, Capuleto, habréis de acompañarme. Montesco, venid esta tarde a Villa Franca . , mi Palacio de Justicia, a conocer mis restantes decisiones sobre el caso. ¡Una vez más, bajo pena de muerte, dispersaos! Salen [todos, menos MONTESCO, la SEÑORA MONTESCO y BENVOLIO]. MONTESCO ¿Quién ha renovado el viejo pleito? Dime, sobrino, ¿estabas aquí cuando empezó? BENVOLIO Cuando llegué, los criados de vuestro adversario estaban enzarzados con los vuestros. Desenvainé por separarlos. En esto apareció el fogoso Tebaldo, espada en mano, y la blandía alrededor de la cabeza, cubriéndome de insultos y cortando el aire, que, indemne, le silbaba en menosprecio. Mientras cruzábamos tajos y estocadas, llegaron más, y lucharon de uno y otro lado hasta que el Príncipe vino y pudo separarlos. SEÑORA MONTESCO ¿Y Romeo? ¿Le has visto hoy? Me alegra el ver que no ha estado en esta pelea. BENVOLIO Señora, una hora antes de que el astro rey asomase por las áureas ventanas del oriente, la inquietud me empujó a pasear. Entonces, bajo unos sicamores que crecen al oeste de Verona, caminando tan temprano vi a vuestro hijo. Fui hacia él, que, advirtiendo mi presencia, se escondió en el boscaje. Medí sus sentimientos por los míos, que ansiaban un espacio retirado (mi propio ser entristecido me sobraba), seguí mi humor al no seguir el suyo . y gustoso evité a quien por gusto me evitaba. MONTESCO Le han visto allí muchas mañanas, aumentando con su llanto el rocío de la mañana, añadiendo a las nubes sus nubes de suspiros. Mas, en cuanto el sol, que todo alegra, comienza a descorrer por el remoto oriente las oscuras cortinas del lecho de Aurora, mi melancólico hijo huye de la luz y se encierra solitario en su aposento, cerrando las ventanas, expulsando toda luz y creándose una noche artificial . . Este humor será muy sombrío y funesto si la causa no la quita el buen consejo. BENVOLIO Mi noble tío, ¿conocéis vos la causa? MONTESCO Ni la conozco, ni por él puedo saberla. BENVOLIO ¿Le habéis apremiado de uno a otro modo? MONTESCO Sí, y también otros amigos, mas él sólo confía sus sentimientos a sí mismo, no sé si con acierto, y se muestra tan callado y reservado, tan insondable y tan hermético como flor comida por gusano antes de abrir sus tiernos pétalos al aire o al sol ofrecerle su hermosura. Si supiéramos la causa de su pena, le daríamos remedio sin espera. Entra ROMEO. BENVOLIO Ahí viene. Os lo ruego, poneos a un lado: me dirá su dolor, si no se ha obstinado. MONTESCO Espero que, al quedarte, por fin oigas su sincera confesión. Vamos, señora. Salen [MONTESCO y la SEÑORA MONTESCO]. BENVOLIO Buenos días, primo. ROMEO ¿Ya es tan de mañana? BENVOLIO Las nueve ya han dado. ROMEO ¡Ah! Las horas tristes se alargan. ¿Era mi padre quien se fue tan deprisa? BENVOLIO Sí. ¿Qué tristeza alarga las horas de Romeo? ROMEO No tener lo que, al tenerlo, las abrevia. BENVOLIO ¿Enamorado? ROMEO Cansado. BENVOLIO ¿De amar? ROMEO De no ser correspondido por mi amada. BENVOLIO ¡Ah! ¿Por qué el amor, de presencia gentil, es tan duro y tiránico en sus obras? ROMEO ¡Ah! ¿Por qué el amor, con la venda en los ojos, puede, siendo ciego imponer sus antojos? ¿Dónde comemos? . . ¡Ah! ¿Qué pelea ha habido? No me lo digas, que ya lo sé todo. Tumulto de odio, pero más de amor. ¡Ah, amor combativo! ¡Ah, odio amoroso! ¡Ah, todo, creado de la nada! ¡Ah, grave levedad, seria vanidad, caos deforme de formas hermosas, pluma de plomo, humo radiante, fuego glacial, salud enfermiza, sueño desvelado, que no es lo que es! Yo siento este amor sin sentir nada en él. ¿No te ríes? BENVOLIO No, primo; más bien lloro. ROMEO ¿Por qué, noble alma? BENVOLIO Porque en tu alma hay dolor. ROMEO Así es el pecado del amor: mi propio pesar, que tanto me angustia, tú ahora lo agrandas, puesto que lo turbas con el tuyo propio. Ese amor que muestras añade congoja a la que me supera. El amor es humo, soplo de suspiros: se esfuma, y es fuego en ojos que aman; refrénalo, y crece como un mar de lágrimas. ¿Qué cosa es, si no? Locura juiciosa, amargor que asfixia, dulzor que conforta. Adiós, primo mío. BENVOLIO Voy contigo, espera; injusto serás si ahora me dejas. ROMEO ¡Bah! Yo no estoy aquí, y me hallo perdido. Romeo no es este: está en otro sitio. BENVOLIO Habla en serio y dime quién es la que amas. ROMEO ¡Ah! ¿Quieres oírme gemir? BENVOLIO ¿Gemir? No: quiero que digas en serio quién es. ROMEO Pídele al enfermo que haga testamento; para quien tanto lo está, es un mal momento. En serio, primo, amo a una mujer. BENVOLIO
Sir Piers EXTON LORD MARISCAL HERALDOS CAPITÁN del ejército galés DAMAS de compañía de la reina J... more Sir Piers EXTON LORD MARISCAL HERALDOS CAPITÁN del ejército galés DAMAS de compañía de la reina JARDINERO AYUDANTES del jardinero CRIADOS CARCELERO de la prisión de Pomfret MOZO de cuadra Nobles, soldados, guardias, acompañamiento. VIDA Y MUERTE DEL REY RICARDO II I.i Entran el rey RICARDO y Juan de GANTE, con otros nobles y acompañamiento. RICARDO Anciano Juan de Gante, venerado Lancaster, ¿has traído a tu audaz hijo, Enrique de Hereford, según tu juramento y compromiso, para que pruebe la violenta acusación, que mis tareas me impidieron atender, contra el Duque de Norfolk, Tomás Mowbray? GANTE Sí, Majestad. RICARDO Dime también: ¿Le has sondeado para ver si acusa al duque por viejo rencor o dignamente, como cumple a un buen vasallo, por hechos conocidos de traición? GANTE Por lo que he podido tantearle, le acusa por un claro peligro contra vos que ha visto en él, no por rencor obstinado. RICARDO Traedlos, pues, a mi presencia. Cara a cara y ceño contra ceño, ante nos libremente hablarán acusador y acusado. Ambos son altivos y, en su ensañamiento, sordos como el mar, prontos como el fuego. Entran BOLINGBROKE y MOWBRAY. BOLINGBROKE ¡Viva muchos años de felices días mi augusto soberano, mi afable Majestad! MOWBRAY ¡Cada día más feliz que el anterior, hasta que el cielo, envidiando la suerte de la tierra, añada un título eterno a vuestra corona! RICARDO Gracias a ambos; mas uno de los dos me adula, a juzgar por el pleito que aquí os trae: acusar de alta traición el uno al otro. Primo Hereford, ¿cuáles son tus cargos contra el Duque de Norfolk, Tomás Mowbray? BOLINGBROKE Primero -el cielo atestigüe mis palabras -, con lealtad fervorosa de vasallo, mirando por la seguridad de mi príncipe y libre de rencores ilegítimos, ante vos comparezco como acusador. -Ahora, Tomás Mowbray, me vuelvo hacia ti, y advierte el tratamiento, pues mis cargos mi cuerpo ha de probarlos en la tierra o mi alma defenderlos en el cielo. Eres un traidor y un desleal, muy noble para serlo y muy ruin para estar vivo: cuanto más claro está el cielo y más relumbra, más horribles son las nubes que lo surcan. Una vez más, agravando tu baldón, hundo en tu garganta el nombre de traidor y, antes de partir, quiero, con la venia, demostrarlo con mi espada justiciera. MOWBRAY Que mi calma no desmienta mi lealtad. No es el forcejeo de una riña de mujeres, el estrépito de lenguas afiladas, lo que va a decidir nuestra querella. Aún hierve la sangre que la muerte ha de enfriar. Mas tampoco puedo blasonar de una dulzura que me hace callar y no decir palabra. Primero, el respeto que os profeso me impide dar rienda y espuela a mi discurso, que volaría para hundir en su garganta, redoblados, esos cargos de traición. Descartando la grandeza de su sangre y cual si no fuera pariente de mi rey, yo aquí le desafío y le escupo, y le llamo ruin, calumniador y cobarde. Para mantenerlo, le daré ventaja y le haré frente, aunque tenga que correr hasta las crestas heladas de los Alpes o cualquier otra tierra inhabitable que nunca inglés alguno haya pisado. Mientras, juro, defendiendo mi lealtad, que ha mentido con rotunda falsedad. BOLINGBROKE Cobarde tembloroso, ahí te arrojo el guante, despojándome de parentesco con el rey y descartando la grandeza de mi sangre, que por miedo y no respeto has invocado. Si el temor culpable te ha dejado fuerzas para coger la prenda de mi honor, agáchate. Por éste y demás ritos de la caballería, con mi brazo he de probarte cuanto he dicho frente a la peor de tus mentiras. MOWBRAY La recojo, y te juro por la espada que noblemente me hizo caballero que voy a responderte conforme a razón o en combate, según manda la caballería. Una vez montado, que yo muerto caiga si soy un traidor o injusta es mi causa. RICARDO ¿Qué le imputa a Mowbray mi pariente? Muy grave ha de ser lo que me transmita una sombra de duda sobre él. BOLINGBROKE Con mi vida responderé de mis palabras: Mowbray ha recibido tres mil libras como adelanto para vuestra real hueste y las ha retenido con fines innobles cual falso y perverso traidor. Además, digo, y lo probaré en combate, aquí o donde sea, hasta el confín más remoto que ojos ingleses hayan divisado, que todas las traiciones de estos dieciocho años fraguadas y urdidas en este país manan y brotan del falso Mowbray. También digo y también me propongo mantenerlo sobre su ruin vida, que él tramó la muerte del Duque de Gloucester, tentó a sus bien dispuestos enemigos y después, cual cobarde y vil traidor, vació su alma inocente en un río de sangre que, como la del inmolante Abel, desde las fosas mudas de la tierra a mí clama justicia y duro castigo. Por mi clara estirpe y por su valía, que lo hará mi brazo o cesará mi vida. RICARDO De muy alto vuelo es su decisión. Tomás de Mowbray, ¿qué dices a esto? MOWBRAY Que mi soberano desvíe la mirada y por un momento haga oídos sordos hasta que le diga a esta infamia de su sangre cuánto odian Dios y el hombre a un vil embustero. RICARDO Mowbray, imparciales son mis ojos y oídos. Aunque él fuera mi hermano o el príncipe heredero, y no el hijo del hermano de mi padre, juro por la obediencia debida a mi cetro que la proximidad a mi sagrada sangre en nada ha de torcer o perturbar la erguida firmeza de mi rectitud. Igual que tú, Mowbray, él es mi vasallo; habla libremente: no tengas reparo. MOWBRAY Entonces, Bolingbroke, desde el fondo del pecho hasta tu falaz garganta, mientes. Tres partes de lo que recibí para Calais las pagué debidamente a los soldados. Me quedé con la otra parte por acuerdo, pues conmigo estaba en deuda nuestro rey por el resto de una cuenta de valor desde que de Francia le traje a su esposa. Trágate tu mentira. Respecto a Gloucester, yo no le maté, aunque, para mi deshonra, descuidé mi lealtad en este caso. -En cuanto a vos, mi señor de Lancaster y honorable padre de mi enemigo, una vez os quise matar en emboscada, pecado que atormenta mi conciencia. Pero antes de tomar el sacramento yo lo confesé, y expresamente pedí vuestro perdón, que espero haber tenido. Ésta es mi culpa. Las demás imputaciones emanan del rencor de un depravado, de un traidor degenerado y cobarde; lo cual defenderé con valentía, y en respuesta arrojo aquí mi guante a los pies de este fatuo desleal para probar mi fe de caballero haciéndole verter su mejor sangre. Vivamente pido, pues siento impaciencia, que mi rey señale el día de la prueba. RICARDO Airados señores, haced lo que os diga: purgad vuestra bilis sin sacaros sangre. Ésta es mi receta, aunque no sea médico, que el hondo rencor saja muy adentro. Haya olvido, paz, perdón y armonía: no es mes, dice el sabio, para las sangrías. Buen tío, que todo vuelva a su principio. Yo calmo al Duque de Norfolk; tú, a tu hijo. GANTE El pacificar, bien le cuadra a un viejo. El guante del duque, hijo, tira al suelo. RICARDO ¡Mowbray, tira el suyo! GANTE Enrique, ¿te obstinas? La obediencia manda que no lo repita. RICARDO ¡Arrójalo, Mowbray! Te lo manda el rey. MOWBRAY Yo me arrojo, Majestad, a vuestros pies. Mandáis en mi vida, pero no en mi honor. Mi vida se os debe; mi buen nombre, no, pues, cuando yo muera, sobrevivirá, y para el oprobio no os lo voy a dar. Me acusan, me afrentan, me hieren el alma con el dardo venenoso de la infamia, cuya sola cura es la sangre del pecho que exhala ponzoña. RICARDO La ira frenemos. Dame el guante: el león doma al leopardo. MOWBRAY Sin cambiar sus manchas. Quitadme el agravio y entregaré el guante. Mi amado señor, en nuestra existencia la joya mayor es un nombre limpio. Si nos lo arrebatan, el hombre no es más que arcilla dorada.
ALONSO, rey de Nápoles SEBASTIÁN, su hermano PRÓSPERO, el legítimo Duque de Milán ANTONIO, su her... more ALONSO, rey de Nápoles SEBASTIÁN, su hermano PRÓSPERO, el legítimo Duque de Milán ANTONIO, su hermano, usurpador del ducado de Milán FERNANDO, hijo del rey de Nápoles GONZALO, viejo y honrado consejero ADRIÁN nobles FRANCISCO CALIBÁN, esclavo salvaje y deforme TRÍNCULO, bufón ESTEBAN, despensero borracho El CAPITÁN del barco El CONTRAMAESTRE MARINEROS MIRANDA, hija de Próspero ARIEL, espíritu del aire IRIS CERES JUNO espíritus Ninfas Segadores Escena: una isla deshabitada. LA TEMPESTAD I.i Se oye un fragor de tormenta, con rayos y truenos. Entran un CAPITÁN y un CONTRAMAESTRE. CAPITÁN ¡Contramaestre! CONTRAMAESTRE ¡Aquí, capitán! ¿Todo bien? CAPITÁN ¡Amigo, llama a la marinería! ¡Date prisa o encallamos! ¡Corre, corre! Sale. Entran los MARINEROS. CONTRAMAESTRE ¡Ánimo, muchachos! ¡Vamos, valor, muchachos! ¡Deprisa, deprisa! ¡Arriad la gavia! ¡Y atentos al silbato del capitán! -¡Vientos, mientras haya mar abierta, reventad soplando! Entran ALONSO, SEBASTIÁN, ANTONIO, FERNANDO, GONZALO y otros. ALONSO Con cuidado, amigo. ¿Dónde está el capitán? -[A los MARINEROS] ¡Portaos como hombres! CONTRAMAESTRE Os lo ruego, quedaos abajo. ANTONIO Contramaestre, ¿y el capitán? CONTRAMAESTRE ¿No le oís? Estáis estorbando. Volved al camarote. Ayudáis a la tormenta. GONZALO Cálmate, amigo. CONTRAMAESTRE Cuando se calme la mar. ¡Fuera! ¿Qué le importa el título de rey al fiero oleaje? ¡Al camarote, silencio! ¡No molestéis! GONZALO Amigo, recuerda a quién llevas a bordo. CONTRAMAESTRE A nadie a quien quiera más que a mí. Vos sois consejero: si podéis acallar los elementos y devolvernos la bonanza, no moveremos más cabos. Imponed vuestra autoridad. Si no podéis, dad gracias por haber vivido tanto y, por si acaso, preparaos para cualquier desgracia en vuestro camarote. -¡Ánimo, muchachos! -¡Quitaos de enmedio, vamos! Sale.
POINS BARDOLFO PETO GADSHILL Mozo de cuadra SIRVIENTE ARRIEROS VIAJEROS La POSADERA doña Prisas F... more POINS BARDOLFO PETO GADSHILL Mozo de cuadra SIRVIENTE ARRIEROS VIAJEROS La POSADERA doña Prisas FRANCisco, mozo de taberna TABERNERO ALGUACIL Lores, mensajeros, soldados, criados y acompañamiento. LA PRIMERA PARTE DE ENRIQUE IV I.i Entran el REY [Enrique], el príncipe Juan de LANCASTER, el Conde de WESTMORELAND, [sir Walter BLUNT] y otros.
Quizá desde comienzos del milenio, el territorio que bordea el lento fluir de las aguas del Po se... more Quizá desde comienzos del milenio, el territorio que bordea el lento fluir de las aguas del Po se vio habitado por grupos celtas que acudían en sucesivas oleadas de allende los Alpes. Junto al Mincio, uno de sus afluentes, en Andes, una aldea cerca de Mantua, nació Publio Virgilio Marón (Vergilius) el 15 de octubre del año 70 a. C. A lo largo de esos mil años que preceden a su nacimiento, los pueblos celtas de la ribera habrían recibido diversas influencias civilizadoras, y, si en su momento el elemento etrusco tuvo sin duda la fuerza que destaca Virgilio en su descripción de Mantua (Eneida, X,[198][199][200][201][202][203], desde los tiempos de la Segunda Guerra Púnica habían brotado ya en el territorio numerosas colonias de latinos que hicieron de la Galia Cisalpina una región de avanzada cultura y saneada economía agrícola, tal como era durante el siglo 1 a. C.
1. Esta palabra griega que significa «fatalidad» será utilizada más tarde por Victor Hugo como tí... more 1. Esta palabra griega que significa «fatalidad» será utilizada más tarde por Victor Hugo como título del capítulo IV del libro VII.
Tenemos mucho gusto en presentar a la atención de los estudiantes e investigadores de las doctrin... more Tenemos mucho gusto en presentar a la atención de los estudiantes e investigadores de las doctrinas secretas esta pequeña obra basada sobre las antiquísimas enseñanzas herméticas. Ha habido tan poco escrito sobre este tema, a pesar de las innumerables referencias a las enseñanzas en las muchas obras sobre ocultismo, que los muchos diligentes buscadores de las verdades arcanas darán indudablemente la bienvenida a la aparición del presente volumen.
¿De qué clase lo quiere? -fueron las que, inexplicablemente, dijo. Pellaeon parpadeó, repasando s... more ¿De qué clase lo quiere? -fueron las que, inexplicablemente, dijo. Pellaeon parpadeó, repasando su memoria. Sí, eso era lo que había dicho. C'baoth volvió a sonreír ante su silenciosa confusión. -Sólo deseo un criado -explicó-. Alguien que me espere cuando regrese. Formado a partir de uno de los recuerdos más apreciados por el emperador... Muestra B-2332-54, creo que era. Insistirá al comandante de la guarnición, por supuesto, en que debe hacerse en total secreto. «No haré nada por el estilo.» -Sí -se oyó decir Pellaeon. El sonido de la palabra le trastornó, porque no había querido decir eso. Al contrario, en cuanto acabara la batalla informaría de este pequeño incidente a Thrawn. -También guardará en secreto esta pequeña conversación -dijo con pereza-. En cuanto haya obedecido, olvidará que ha ocurrido. -Por supuesto -cabeceó Pellaeon, sólo para que se callara. Sí, desde luego que informaría a Thrawn. El gran almirante sabría qué hacer. La cuenta atrás llegó a cero, y en la principal pantalla mural apareció el planeta Ukio. -Deberíamos conectar una pantalla táctica, maestro C'baoth. C'baoth agitó una mano. -Como quiera. Pellaeon se acercó al doble anillo de pantallas y tocó la tecla adecuada. En el centro de la sala apareció la pantalla táctica holográfica. El Quimera se dirigía hacia una órbita elevada sobre el ecuador encarado al sol, los diez Acorazados de la flota Katana de su fuerza de choque estaban adoptando posiciones defensivas, tanto interiores como exteriores, y el Halcón de la Tormenta surgió por el lado nocturno y constituyó la retaguardia. Otras naves, sobre todo cargueros y otras de tipo comercial, se infiltraban por las breves brechas que abría Control de Tierra en el escudo de energía de Ukio, una concha azulada que rodeaba el planeta, a unos cincuenta kilómetros por encima de la superficie. Dos indicadores luminosos pasaron a rojo: los cargueros guía del Halcón de la Tormenta, de aspecto tan inocente como el de las demás naves que huían locamente en busca de refugio. Los cargueros y los cuatro compañeros invisibles que remolcaban. -Invisibles sólo para aquellos que carecen de ojos para verlos -murmuró C'baoth. -De modo que ahora puede ver las naves, ¿eh? -gruñó Pellaeon-. Sus facultades Jedi aumentan. Confiaba en irritar un poco a C'baoth; no mucho, sólo un poco, pero fue un esfuerzo inútil. -Puedo ver a los hombres que se encuentran dentro de sus preciosos escudos protectores -dijo con placidez el Maestro Jedi-. Puedo ver sus pensamientos y guiar sus voluntades. ¿Qué más da el metal? Pellaeon notó que su labio se torcía. -Supongo que muchas cosas le dan igual -rezongó. Vio por el rabillo del ojo que C'baoth sonreía. -Lo que da igual a un Maestro Jedi, da igual al universo. Los cargueros y los cruceros invisibles ya estaban cerca del escudo. -Dejarán caer los cables de arrastre en cuanto penetren en el escudorecordó Pellaeon a C'baoth-. ¿Está preparado? El Maestro Jedi se irguió en su asiento y entornó los ojos. -Espero la orden del gran almirante -dijo, sardónico. un segundo, Pellaeon observó la expresión serena del hombre, y experimentó un escalofrío. Recordó con vividez la primera vez que C'baoth había ensayado este control a larga distancia. Recordó el dolor pintado en el rostro de C'baoth, su aspecto concentrado y agónico mientras luchaba por mantener los contactos mentales. Apenas habían transcurrido dos meses. Thrawn, confiado, había afirmado que C'baoth jamás representaría una amenaza para el Imperio, porque carecía de la capacidad de enfocar y concentrar su poder Jedi durante largo tiempo. De alguna manera, entre aquel momento y ahora, C'baoth había logrado dominar ese necesario control. Lo cual significaba que C'baoth era una amenaza para el Imperio. Una amenaza muy peligrosa. El intercomunicador zumbó. -¿Capitán Pellaeon? Pellaeon se acercó al anillo de pantallas y pulsó la tecla, intentando olvidar sus temores acerca de C'baoth. De momento, al menos, la flota necesitaba a C'baoth. Por fortuna, tal vez, C'baoth también necesitaba a la flota. -Estamos listos, almirante -dijo. -Atención -contestó Thrawn-. Los cables se sueltan ahora. -Están libres -dijo C'baoth-. Se encuentran bajo control... Se mueven hacia las posiciones prefijadas. -Confirme que se hallan bajo el escudo planetario -ordenó Thrawn. Por primera vez, un indicio de aquella antigua tensión cruzó el rostro de C'baoth. Muy poco sorprendente. Como el escudo protector impedía que el Quimera viera a los cruceros y, al mismo tiempo, cegaba los sensores de los cruceros, la única forma de saber exactamente dónde estaban era que C'baoth efectuara una localización precisa en las mentes que estaba interviniendo. -Las cuatro naves se encuentran debajo del escudo -anunció. -Verifíquelo bien, Maestro Jedi. Si se equivoca... -Yo no me equivoco, gran almirante Thrawn -le interrumpió con aspereza C'baoth-. Yo me ocuparé de mi parte en esta batalla, y usted preocúpese de la suya. El intercomunicador permaneció mudo unos momentos. Pellaeon se encogió e imaginó la expresión del gran almirante. -Muy bien, maestro Jedi -respondió con calma Thrawn-. Prepárese a cumplir su parte. Se oyó el doble clic de un canal de comunicaciones al abrirse. -Aquí el Destructor Estelar imperial Quimera, llamando al Feudo de Ukiodijo Thrawn-. En nombre del Imperio, declaro que el sistema ukiano se halla de nuevo bajo el mandato de la ley imperial y la protección de las fuerzas imperiales. Bajarán los escudos, ordenarán a todas las unidades militares que regresen a sus bases, y se prepararán para una transferencia de mando ordenada. No hubo respuesta. -Sé que están recibiendo este mensaje -continuó Thrawn-. Si no contestan, daré por sentado que pretenden rechazar la oferta del Imperio. En tal caso, no me quedará otra alternativa que abrir las hostilidades. De nuevo, silencio. -Envían otra transmisión -oyó que decía el oficial de comunicaciones-. Da la impresión de que es más desesperada que la primera. -Estoy seguro de que la tercera aún lo será más -replicó Thrawn-. Prepárese para disparar la secuencia uno. ¿Maestro C'baoth? -Los cruceros están dispuestos, gran almirante Thrawn -contestó C'baoth-. Al igual que yo. -Asegúrese -amenazó sutilmente Thrawn-. A menos que el cálculo de -Escapar -respondió Han, mientras examinaba de nuevo la pantalla posterior-. Teclea las coordenadas, añade un dos al segundo número de cada una, y transmítelas a los cazas. -Entiendo. Leia asintió mientras ponía manos a la obra. Alterar el segundo dígito no cambiaría la apariencia de su trayectoria de huida lo suficiente para que los imperiales mordieran el anzuelo, pero bastaría para desviar del objetivo un par de años luz a cualquier fuerza persecutoria. -Muy listo. ¿Esa pequeña maniobra que acaban de realizar no era más que para impresionar? -Exacto. Consigue convencer a todo el mundo de que es lo único que hay. Algo así como lo que Pash Cracken hizo en aquel desastre de Xyquine. -Han examinó la pantalla posterior-. Creo que ya podemos pasar a la acción. Vamos a ver qué pasa. -¿No vamos a saltar a la velocidad de la luz? Leia arrugó el entrecejo cuando un antiguo y doloroso recuerdo ascendió desde el fondo de su mente. Aquella loca huida de Hoth, con toda la flota de Darth Vader pisándoles los talones y un hiperpropulsor que estaba roto... Han la miró de reojo. -No te preocupes, corazón. Hoy, el hiperpropulsor está de miedo. -Esperemos -murmuró Leia. -Mira, mientras nos persigan a nosotros, dejarán de fastidiar a Filveprosiguió Han-. Y cuanto más les alejemos, más tiempo tendrá de llegar la fuerza de socorro procedente de Ord Pardron. El brillante destello verde de un disparo errado cortó la inminente respuesta de Leia. -Creo que ya les hemos concedido todo el tiempo posible -dijo a Han, y notó en su interior que los gemelos se alborotaban-. ¿Podemos irnos ya, por favor? Un segundo rayo se estrelló contra el escudo deflector superior del Halcón. -Sí, creo que tienes razón -admitió Han-. Wedge, ¿preparado para abandonar la fiesta? -Cuando quieras, Halcón. Adelante. Os seguiremos cuando esté despejado. -De acuerdo. Han aferró las palancas de hiperpropulsión y tiró de ellas con suavidad. A través de la cubierta de la cabina, las estrellas se convirtieron en estelas, y estuvieron salvados. Leía respiró hondo y dejó escapar el aire poco a poco. En su interior, notaba todavía la angustia de los gemelos, y por un momento concentró su mente en la tarea de tranquilizarles. A menudo había pensado que era una extraña sensación, tocar mentes que se comunicaban mediante sensaciones y sentimientos, en lugar de palabras e imágenes. Tan diferentes de las mentes de Han, Luke y sus demás amigos. Tan diferentes, también, de la mente lejana que había orquestado aquel ataque de la fuerza imperial. A su espalda, la puerta se abrió y Chewbacca entró en la cabina. -Buen disparo, Chewie -saludó Han al wookie, mientras éste depositaba su enorme bulto en el asiento de pasajero contiguo a Cetrespeó-. ¿Te ha dado más problemas el brazo de control horizontal? Chewbacca rugió una negativa. Sus ojos oscuros escudriñaron el rostro de Leia, y gruñó una pregunta. -Me encuentro bien -le tranquilizó Leia, mientras reprimía unas súbitas e inexplicables lágrimas-. De veras. Miró a Han y descubrió que la estaba mirando con el ceño fruncido. -No estabas preocupada, ¿verdad? Sólo era una fuerza de choque imperial. Nada inquietante. Leia meneó la cabeza. -No, Han. Había algo más. Una especie de... -Volvió a menear la cabeza-. No lo sé. -Quizá fue como su indisposición en Endor -la ayudó Cetrespeó-. ¿Recuerda, cuando se desplomó mientras Chewbacca y yo estábamos reparando el...? Chewbacca rugió una advertencia y el androide enmudeció de repente, pero ya era demasiado tarde. -No, déjale hablar -dijo Han, cada vez más suspicaz-. ¿A qué indisposición se refiere? -No fue nada importante, Han -le tranquilizó Leia, mientras intentaba cogerle la mano-. Durante nuestra primera órbita alrededor de Endor, pasamos por el lugar donde...
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Papers by Janeth Menjure